WAYRANOTICIAS- Un comentario que no debía escucharse volvió a poner en el centro de la escena el comportamiento de dirigentes dentro del Congreso. Esta vez, el protagonista fue el diputado de La Libertad Avanza, Nicolás Mayoraz, quien generó polémica durante un plenario de comisiones en la Cámara de Diputados.
En medio de la reunión para avanzar con el tratamiento de la Ley de Glaciares, el legislador lanzó una frase que rápidamente se viralizó: “Las mujeres son mi debilidad. Vienen dos chicas y me lo piden”, dijo, sin advertir que su micrófono estaba encendido. El comentario se produjo mientras conversaba con José Peluc, en presencia de otros integrantes del cuerpo.
La situación no pasó desapercibida. Legisladoras presentes reaccionaron en el momento, reclamando una disculpa pública y cuestionando la conducta de quien preside una comisión clave. Minutos después, el debate se trasladó a redes sociales, donde dirigentes de la oposición expresaron su repudio.
Entre ellas, la diputada Florencia Carignano calificó el episodio como “repugnante y desagradable”, y remarcó la gravedad institucional de ese tipo de expresiones en ámbitos oficiales.
El episodio reavivó además el recuerdo de antecedentes recientes dentro del Congreso. En diciembre pasado, durante una sesión preparatoria, el diputado radical Gerardo Cipolini fue captado por micrófonos abiertos realizando comentarios inapropiados sobre distintas legisladoras mientras juraban sus cargos.
Aquellos dichos también generaron un fuerte rechazo, incluso dentro del recinto. La entonces presidenta de la Cámara, Cecilia Moreau, lo interpeló públicamente y pidió disculpas en nombre del respeto institucional y de género. Sin embargo, Cipolini negó haber realizado tales afirmaciones.
Estos episodios, separados en el tiempo pero similares en contenido, vuelven a poner en discusión los límites del comportamiento dentro del ámbito legislativo y la necesidad de reforzar estándares de respeto en espacios de representación pública.
