WAYRANOTICIAS- En su primer Viernes Santo como pontífice, el papa León XIV sorprendió al cargar personalmente la cruz durante todo el Vía Crucis, en un gesto cargado de simbolismo que remite a lo hecho por San Juan Pablo II.
A lo largo de las 14 estaciones, la ceremonia combinó pasajes bíblicos y reflexiones que pusieron el foco en las heridas del mundo actual. Los textos, elaborados por fray Francesco Patton, insistieron en una idea central: el verdadero poder no está en la fuerza, sino en el amor.
Desde el inicio, el mensaje fue directo: toda forma de autoridad —ya sea para juzgar, educar o incluso iniciar guerras— deberá rendir cuentas por cómo se ejerce. La invitación fue clara: elegir la paz, la reconciliación y la misericordia.
El recorrido también estuvo atravesado por fuertes llamados sociales y humanos. Se pidió no ignorar el sufrimiento ajeno, mirar de frente a los más vulnerables y reconocer a Cristo en los pobres, los migrantes, las víctimas de trata y los niños a quienes les fue arrebatada la infancia.
Uno de los momentos más conmovedores estuvo dedicado a las madres que sufren: aquellas que pierden a sus hijos, que esperan noticias desgarradoras o que acompañan enfermedades terminales. A ellas se dirigió una oración marcada por la ternura y el dolor.
En un contexto atravesado por guerras, violencia y crisis, el Papa llamó a “tener lágrimas” frente al sufrimiento del mundo y a no caer en la indiferencia. También alertó sobre el riesgo de deshumanización y reivindicó el perdón como único camino posible.
El Vía Crucis concluyó con una oración inspirada en San Francisco de Asís, dejando un mensaje final que atravesó toda la jornada: frente al dolor, amar sigue siendo el acto más poderoso.
