WAYRANOTICIAS- El regreso de Mario Pergolini a la pantalla de El Trece no fue un simple estreno. La segunda temporada de Otro Día Perdido volvió a encender la franja nocturna con una premisa que pocos formatos logran sostener: aún hay lugar para una voz con identidad propia.
Los números acompañaron desde el inicio. El ciclo debutó con 6,3 puntos de rating y rápidamente trepó a los 7 en los primeros minutos. En un prime time fragmentado, con audiencias cada vez más dispersas, el dato no es menor: evidencia una base fiel y una renovada curiosidad del público. No fue un arrase, pero tampoco lo necesitó. Se sostuvo. Y en la televisión actual, sostener es ganar.
Lejos de apostar por golpes de efecto, Pergolini eligió reafirmar su territorio: un espacio donde conviven la ironía, la actualidad y un humor filoso. “¡Otro año más! Esto es increíble, impensado”, lanzó en el arranque, combinando espontaneidad y personaje. Luego remató: “Yo pensé que no iba a durar nada esto”, en una frase que funcionó como lectura del propio medio.
Una de las novedades más comentadas fue la incorporación de Evelyn Botto en lugar de Laila Roth. El cambio se presentó con humor y sin solemnidad: “Yo soy la nueva Laila”, dijo Botto con soltura. Pergolini, fiel a su estilo, respondió sin filtro: “¡A la otra no la soportaba más!”, en un intercambio que marcó el tono del programa.
El sketch inicial, junto a Agustín Aristarán, y con participaciones de Soledad Silveyra y Nicolás Vázquez, funcionó como carta de presentación de esta nueva etapa. Una reunión de producción ficticia que, en clave humorística, ordenó las piezas del ciclo y dejó en claro que el programa sabe reírse de sí mismo.
Botto aportó frescura desde el inicio. Por momentos se la vio cómoda, por otros expectante, algo lógico en un debut. Su presencia suma una nueva dinámica: no es un reemplazo, sino una energía distinta que amplía el juego.
En paralelo, Aristarán reafirmó su rol como socio escénico, aportando equilibrio y ritmo. Su frase —“¡Qué lindo volver a ver a la banda de sonido de nuestras noches!”— funcionó como una invitación directa a reconectar con el espíritu del ciclo.
El formato, en esencia, se mantiene intacto. Y allí radica parte de su fortaleza. Otro Día Perdido no corre detrás de las tendencias ni busca el impacto inmediato. En un ecosistema dominado por fenómenos como Gran Hermano, apuesta por construir una agenda propia.
Hay, en esa decisión, algo casi contracultural. Mientras gran parte de la televisión persigue el minuto a minuto, Pergolini parece mirar más lejos —o, al menos, mirar distinto—. El rating importa, pero no lo define todo: también pesan las redes, la conversación y ese eco difícil de medir, pero fácil de percibir.
El arranque dejó una certeza: el programa no busca reinventarse, sino afinar su identidad.
