WAYRANOTICIAS- A 50 años del inicio de la última dictadura en Argentina, el recuerdo no solo se construye desde los hechos históricos, sino también desde las expresiones culturales que resistieron al silencio impuesto. Durante el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, el terrorismo de Estado no solo persiguió personas, sino también ideas. En ese escenario, la música se convirtió en una herramienta clave de resistencia.
Pese a las listas negras y la censura ejercida por organismos como el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), las canciones lograron circular de forma clandestina o simbólica, manteniendo viva una identidad colectiva que el régimen intentó borrar.
Rock nacional: metáforas contra la censura
El rock argentino fue uno de los principales vehículos de expresión en tiempos de represión. A través de letras cargadas de metáforas, los artistas lograron esquivar el control militar y transmitir mensajes que el público sabía interpretar.
Referentes como Charly García utilizaron recursos literarios para describir la realidad sin nombrarla directamente. Sus canciones se convirtieron en relatos encubiertos sobre la represión, la desaparición de personas y el miedo cotidiano.
Los recitales también jugaron un rol fundamental. Espacios como el Estadio Obras Sanitarias o el Luna Park se transformaron en puntos de encuentro donde miles de jóvenes compartían algo más que música: una forma de resistencia colectiva.
Artistas como Luis Alberto Spinetta aportaron una dimensión poética y espiritual que ofrecía un escape frente a la crudeza del contexto.
Tras la Guerra de Malvinas, el rock nacional ganó mayor difusión cuando la dictadura prohibió la música en inglés, impulsando de manera indirecta su masificación.
Folklore: la voz del pueblo y el exilio
El folklore, profundamente ligado a las raíces populares, fue uno de los géneros más perseguidos. La dictadura lo consideraba peligroso por su contenido social y su capacidad de organización simbólica.
Mercedes Sosa se convirtió en un emblema de dignidad y resistencia. Perseguida y finalmente exiliada, su voz trascendió fronteras y denunció la situación argentina en el mundo. Su regreso en 1982 marcó un momento histórico.
Otro caso emblemático fue el de Horacio Guarany, quien sufrió persecuciones, atentados y la prohibición de su obra. Sus canciones circularon clandestinamente, convirtiéndose en símbolos de lucha.
Entre la ironía y el silencio: otras formas de resistir
La resistencia cultural no siempre fue directa. María Elena Walsh utilizó la ironía y la metáfora para cuestionar el autoritarismo. Sus textos y canciones lograron sortear la censura con inteligencia y sensibilidad.
En paralelo, el tango atravesó una etapa compleja. Tradicionalmente ligado a los sectores populares, fue intervenido por la dictadura, que intentó “limpiarlo” de su contenido social. Esto provocó una desconexión con el público joven y una pérdida de vigencia en esos años.
Sin embargo, figuras como Astor Piazzolla y Osvaldo Pugliese mantuvieron viva la esencia del género, desde la innovación y la resistencia simbólica.
Cinco décadas después, estas canciones no solo representan una época, sino que siguen funcionando como herramientas de memoria. En tiempos donde la palabra estaba prohibida, la música fue refugio, denuncia y esperanza.
Hoy, su legado permanece vigente: recordar a través de la cultura es también una forma de defender la democracia y evitar que la historia se repita.
