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Localizan con vida a los 12 niños desaparecidos en una cueva de Tailandia, pero no podrán salir en meses

In Internacionales

Los menores no saben nadar y el pronóstico de lluvias puede dificultar aún más su rescate

Eran las 10:00 de la noche del lunes (hora local) cuando la cabeza del buzo británico John Volanthen emergió sobre la superficie del agua que inundaba parcialmente la caverna. Frente a él, iluminados por el foco que llevaba en la cabeza, se acurrucaban en un terraplén los 13 integrantes del equipo de fútbol desaparecidos en una cueva de Tailandia hacía nueve días. Al escuchar que estaban todos sanos y salvos, el experto rescatista no pudo reprimir un “¡Brillante!” captado por la cámara que grabó el encuentro.

Aunque debilitados y hambrientos, los doce niños de entre 11 y 16 años y su entrenador, de 25, no presentaban heridas de gravedad. Ya en la tarde del martes, un nuevo equipo de siete buzos -incluidos dos sanitarios- pudo atenderlos en la gruta con más detalle y suministrarles gel energético para que recuperen fuerzas cuanto antes. “No hay de qué preocuparse. Los cuidaremos lo mejor que podamos. Los sacaremos a la luz”, prometió el almirante Apagorn Youkonggaew a los medios.

Pero tras el alivio y la alegría inicial, rápidamente contagiado a una nación que aguardaba noticias de los menores con el alma en vilo, pronto surgió la duda de cómo y cuándo proceder a su evacuación. No en vano, la tarea se antoja muy complicada, más aún teniendo en cuenta que la bolsa de aire en la que permanecen varados sólo es accesible a través de cuatro kilómetros de túneles angostos e inundados difíciles de sortear incluso para submarinistas experimentados, lo que limita las opciones de su salvamento.

En un primer momento, las autoridades plantearon la posibilidad de que los 13 muchachos esperaran en la caverna hasta el final de la época de lluvias mientras los equipos de rescate drenan el agua que inunda el interior y les enseñan a bucear, algo que podría llevar semanas o incluso meses. “No saben nadar, por lo que aún menos pueden bucear. La opción más fácil sería seguir bombeando agua fuera. Se necesita bajar alrededor de un metro para que puedan flotar con chalecos salvavidas, pero el tiempo no está de su lado”, explicó Ben Reymenants, submarinista que participa en el equipo internacional de rescate, al canal NBC.

Sin embargo, incluso si están bien provistos de luz, comida y medicinas, otros participantes en la operación -que lidera el ejército tailandés- argumentaron que podría ser peligroso dejarlos en la cueva durante tanto tiempo, ya que podrían lesionarse o sufrir daños psicológicos derivados de una estadía tan prolongada en un entorno como ese. Si a eso se le añaden los pronósticos de fuertes lluvias para los próximos días, que elevarán los niveles de agua en el interior de la cueva, los equipos de rescate podrían verse forzados a evacuarlos con mayor celeridad de la prevista inicialmente.

“Si el agua sube, la tarea será difícil. Debemos sacar a los niños antes de eso”, declaró el ministro del Interior tailandés, Anupong Paojinda, al diario local Bangkok Post. “Bucear no es fácil. Aquellos que nunca lo han hayan hecho lo encontrarán difícil porque hay pasajes estrechos en la cueva. Deben poder usar un equipo de buceo”, añadió, un mensaje que contradecía el lanzado por otros oficiales previamente. No obstante, los especialistas avisan de que esta solución es muy complicada de ejecutar en tan corto espacio de tiempo y que un paso en falso debajo del agua con buzos no entrenados y más propensos a entrar en pánico podría tener consecuencias nefastas tanto para los niños como para los rescatistas.

Como tercera opción, se baraja la posibilidad de encontrar otro punto de entrada a la cueva que lleve hasta ellos por otro camino o taladrar un agujero desde el exterior que sirva para evacuar a los atrapados, aunque no se han anunciado avances concretos al respecto todavía.

Todos los menores forman parte del equipo de fútbol ‘Wild boar’ que, tras terminar su entrenamiento el pasado día 23, entraron en la cueva de Tham Luang, la cuarta más larga del país, junto a su monitor. Cuando estaban en su interior, las lluvias les sorprendieron haciendo imposible su salida a la superficie, lo que dio inicio a una operación de rescate a contrarreloj en la que participan más de 1.300 efectivos nacionales y de otros países como China, Estados Unidos o Australia. La policía tailandesa sopesa ahora si debería presentar cargos criminales contra el entrenador por llevar a los niños a la cueva, en cuya entrada una señal aconseja no entrar en época de lluvias.

Mientras que los equipos de rescate siguen haciendo cábalas sobre la mejor forma de actuar -y evitan aventurar cuánto tiempo se tardará en extraer a los chicos de la cueva-, está previsto que los menores puedan hablar esta noche con sus padres a través de una línea telefónica instalada específicamente para ello.

Foto. Captura de Vídeo AFP/EL MUNDO

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